<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Documento sin título

CEUTA: INMIGRACIÓN, INTERCULTURALIDAD Y CONVIVENCIA


Maria Isabel Deu del Olmo

 

Ceuta, muchacha fenicia, doncella romana, sultana morisca y cristiana convencida, se prepara especialmente en este milenio a ser la mano que España tiende amigablemente hacia el Sur, tal y como expresa en sus versos nuestro insigne poeta ceutí, Luís López Anglada.

Ceuta, la siempre Noble y Leal, como ciudad autónoma española en el Norte de África, al otro lado del Estrecho de Gibraltar, se asienta sobre una península dispuesta de oeste a este situada a lo largo de la costa septentrional de África, en su extremo nor-occidental, frente a las costas de Cádiz y de la bahía de Algeciras, de la cual dista 14 Km.
En tan sólo diecinueve kilómetros cuadrados, sus calles son fiel reflejo de una sociedad plural y acogedora, definiendo su idiosincrasia de ciudad multicultural, abierta y tolerante.

La esencia de nuestro enclave, es la de ser la puerta de Europa en África, paso obligado entre el Atlántico y el Mediterráneo, de rica y profunda historia, y punto de encuentro entre diferentes países, religiones y culturas.

Antes incluso que existiera una población sobre nuestra superficie, su nombre ya aparecía reflejado en derroteros y portulanos, pues su orografía, vinculada a ABYLA, una de las dos míticas columnas de Hércules, constituía un referente indispensable para los navegantes de la antigüedad.

Antes también de que cronistas e historiadores narraran los pretéritos episodios de nuestra semblanza, no faltaron soñadores y poetas que vincularon nuestra fundación a uno de los hijos del bíblico Noé, nuestro hermoso paisaje creado a partir de alguna de las leyendas de Hércules y nuestro linaje nacido de los amores entre Ulises y Calipso.

Recientes estudios arqueológicos han corroborado que Ceuta, hace más de 200.000 años y a través del Estrecho de Gibraltar, era el paso obligado de nuestros ancestros que se desplazaban hacia Europa; que entre los siglo VII y VIII, ya existía una población fenicia en su suelo, dedicada al comercio y que, posteriormente, griegos, romanos, vándalos, bizantinos y visigodos se asentaron en nuestra ciudad aportándonos sus culturas y haciendo de Ceuta huella irremplazable del paso de la Humanidad.

Exilisa, Heptadelfos, Septem Frates…son algunos de los topónimos que nos ha dejado el paso de las diferentes culturas que desembarcaron en nuestras playas. Culturas de las que se ha ido nutriendo hasta crear la densa historia de nuestra ciudad.

Su posición estratégica hizo que fuera ocupada desde tiempos remotos, pudiéndose considerar una de las ciudades más antiguas del Mediterráneo.

La entrada en la órbita europea y cristiana, que se produce en 1415, la retorna a su perenne carácter de enclave esencial, como plaza militar y amurallada. Pero sus fronteras, como lo son todas, aunque conforman barreras en tiempos de guerra, se transforman en lugar de encuentro y transacción en las épocas de paz. Un baluarte entreabierto por tierra y, naturalmente, un batiente siempre libre por mar.

Nuestra historia moderna se inicia con la llegada de los portugueses a nuestras costas y continúa con su anexión a España en 1581, consolidando su españolidad al incorporarse a la Corona de Castilla, hecho que se produce en 1640, adquiriendo su unión de pleno derecho en 1668. Así Ceuta, presume de haber decidido mediante plebiscito popular, ser ciudad española.

Durante este último medio milenio, la Ceuta española ha abrazado la llegada del mundo árabe en las épocas de paz, con los que también comenzó a convivir una floreciente comunidad judía.

Así, a cristianos, musulmanes y judíos, a los que a finales del siglo XIX y como resultado de las rutas comerciales que nos enlazan con Gibraltar o Tánger, se suma una pequeña y muy activa comunidad hindú. Todos ellos forman hoy parte integrante en la base de nuestro tejido social y cultural. Una sociedad que se ha enriquecido con las almas provenientes de diversos continentes y de distintas nacionalidades, aportando con sus costumbres, su cultura, su gastronomía y sus religiones el compendio cosmopolita que hoy abriga nuestra ciudad.

Actualmente, la ciudad tiene alrededor de 76.000 habitantes de derecho, además de la población flotante de hecho. Su densidad alcanza cifras altísimas, casi 3.500 habitantes por Km2, con un elevado porcentaje de población joven, comprendida entre la media de edad de los 20 y los 30 años.

La frontera de Ceuta con nuestro vecino país de Marruecos, se extiende a lo largo de 8,5 Km. Diariamente pasan esta frontera alrededor de 25.000 marroquíes, mayoritariamente de la provincia colindante de Tetuán, para comprar, en su conjunto, bienes de primera necesidad y comerciar posteriormente en Marruecos.

Por ello, gran parte de la actividad económica de Ceuta depende principalmente del comercio con Marruecos (sin la existencia de aduana comercial), además del puerto y del sector servicios.

La existencia de las cuatro etnias que anteriormente he mencionado –la cristiana, la musulmana, la hebrea y la hindú- en un espacio tan delimitado, hacen de Ceuta un ejemplo de convivencia entre diferentes culturas dentro del continente africano.

La población europeo-cristiana, es decir, la de españoles de origen, sigue siendo la mayoritaria en estos momentos, representando el 55% del total, con unos rasgos definitorios que no difieren del resto de las comunidades españolas o europeas, formada, en general por funcionarios públicos, civiles y militares, empleados y comerciantes.

El 45% restante de la población está integrado por las comunidades musulmana (42%), hebrea (1,5%), hindú (1%) y gitana (0,5%), prácticamente, en su totalidad inmigrada.

La población musulmana constituye la minoría mayoritaria, cifrada de hecho en torno a los 38.000 habitantes, aunque de derecho en poco menos de 25.000, siendo sus principales rasgos de identidad los siguientes: su procedencia marroquí y el alto nivel de analfabetismo especialmente entre los más mayores, lo que supone un 39%, la creciente natalidad que deja una media de 4,4 hijos por familia, un nivel socioeconómico por debajo de la media y con una presencia muy marcada del Islam. La población musulmana de Ceuta, sin embargo, dispone de una renta per cápita superior a la de sus homólogos en territorio marroquí.

La población hebrea, forma un grupo dedicado casi exclusivamente al comercio, con una magnífica adaptación y buenos recursos, siendo fieles a sus tradiciones autóctonas.

La población hindú presenta características similares a la anterior y la población gitana posee las mismas características sociales generalizadas del resto de las comunidades de igual extracción del territorio nacional.

Estimados oyentes,

Hablar sobre la convivencia o sobre las cuatro culturas en Ceuta es cosa moderna, porque reciente en la historia de España ha sido el poderlo vivir y reconocerlo así.

Es nuevo, porque han tenido que arribar foráneos para hacernos apreciar que, gran parte de nuestra idiosincrasia particular, es conocer cuándo se celebra el año nuevo en tal o cual comunidad, el saber comportarse ante un ritual de matrimonio en una cultura que no es la propia, o el admirar con respeto templos, cementerios y construcciones enclavadas desde el prisma de la multiculturalidad. Las diferentes culturas y creencias que forman parte de los diferentes pueblos son ricas y variadas. Y por ello, Ceuta es una de las ciudades más ricas de nuestro país.

Muestra de ello, y en el año 1999, el Pleno de la Asamblea de la Ciudad y por unanimidad de todos sus miembros decidió crear el Premio Convivencia Ciudad Autónoma de Ceuta. Para su gestión fue creada la Fundación que lleva su nombre y a la cual tengo el honor en la actualidad de presidir.
El Premio Convivencia de la C.A. de Ceuta, enraizado en la propia experiencia de sus gentes, y dotado con 50.000 €, desea fomentar, por tanto, esa cultura de convivencia y participación, de respeto y de conocimiento mutuo. Un premio que desea destacar a quienes defienden y potencian una sociedad abierta y dialogante, comprometida con lo múltiple y lo diverso, ya sean instituciones o personas, provengan de donde provengan. Un distintivo que se concede a quienes hayan contribuido, de forma relevante y ejemplar, a mejorar las relaciones humanas, fomentando los valores de justicia, fraternidad, paz, libertad, igualdad y acceso a la cultura.

Recientemente, tanto Ceuta como Melilla están siendo objeto de una atención creciente por parte de las ciencias sociales. A lo largo de la historia, las migraciones han actuado como fuentes impulsoras del progreso humano, en buena medida como fuerza positiva para individuos y civilizaciones.

Puerta de Europa en África y cabeza de puente hacia la Península Ibérica, representa hoy, como lo hiciera en el pasado, un nexo importante en el contexto geopolítico del Mediterráneo además de constituir, por su peculiar estructura socio-demográfica, un excelente laboratorio social donde poder desarrollar soluciones imaginativas centradas en la creciente multiculturalidad de nuestro país.

Son numerosos los retos que las migraciones internacionales suponen para las sociedades de acogida. Nuevas rutas migratorias se vuelven hacia nuestras dos ciudades Ceuta y Melilla con el único objetivo de alcanzar la Península Ibérica y los países de la Unión Europea.

A finales de 1991, Ceuta comienza a ser testigo de un fenómeno hasta entonces desconocido: el movimiento migratorio lento y constante hacia su frontera de inmigrantes provenientes de África.

En Ceuta, el fenómeno de la inmigración tiene dos caras. Por una parte, el flujo con raíces proveniente del África subsahariana y del Magreb, países muy alejados que utilizan nuestra ciudad como territorio de paso. Se trata de individuos, la mayor parte hombres, procedentes de Senegal, Mali, Mauritania, Nigeria, Ghana y Argelia. Por otra parte, el movimiento constante que se produce en la población residente del vecino reino de Marruecos.

Ceuta, no sólo es frontera entre dos países muy distintos, sino en otros aspectos esenciales para la vida humana. El inmigrante, como ser humano individual y, a la vez, como entidad social, siente que debe emprender un viaje a la búsqueda de una vida mejor, a la búsqueda de su “paraíso” anhelado. Es un arduo traslado en el espacio y en el tiempo, hacia un mundo que cree más justo, al que llega como puede, y en condiciones generalmente desfavorables que se traducen en escasos recursos económicos, en el desconocimiento de la lengua de acogida, en el funcionamiento social, los problemas afectivos, la soledad y, en ocasiones, la incomprensión y la incertidumbre de su futuro. Se siente atraído por la necesidad de satisfacer las necesidades vitales que no tiene en su país de origen. Por poner algún ejemplo, la población marroquí inmigrante emplea el 30% del uso del hospital civil de Ceuta, sobre todo en maternidad. En servicios sociales, el 14% de las ayudas puntuales en materia de asistencia social son para extranjeros no residentes, en menores más del 80% del gasto se dedica y ocupa tanto en centro de reforma como en asistencia, un gasto que la ciudad dedica a la acogida y asistencia que supone más de 6.000.000 de euros al año.

La presión migratoria subsahariana hacia el territorio español, comenzó a hacerse notar en los inicios de los años 90. La entrada en la ciudad se producía a través de la frontera con Marruecos, que no tenía un adecuado control de sus fronteras. Comenzó con pequeños grupos de inmigrantes provenientes del África Negra, la mayor parte de los cuales había elegido Ceuta como trampolín hacia la Península.

En principio, los inmigrantes llegados a nuestras costas se alojaron en una zona dentro de las antiguas murallas reales portuguesas, monumento emblemático de la ciudad. Desde el 11 de octubre de 1995, fecha crucial en el análisis del flujo migratorio hacia la ciudad de Ceuta, el Gobierno español y la Administración Local se centraron mayoritariamente en los problemas migratorios de nuestra población, al considerar el impacto que a nivel nacional e internacional suscitó la revuelta de los africanos.
En 1996, y siempre a la búsqueda de mejorar su situación, pasaron a ocupar el ex-campamento juvenil de Calamocarro, situado a 5 Km del centro urbano, el cual durante cinco años representó la historia de la inmigración subsahariana y argelina. A finales de 1999, Calamocarro, albergaba a más de 1.500 inmigrantes de diversas nacionalidades. El 6 de marzo de 2000, el por aquel entonces ministro del Interior Jaime Mayor Oreja, por medio de una orden ministerial, clausuró definitivamente el Campamento y todos los inmigrantes fueron trasladados al nuevo centro de acogida que finalizaba su construcción.

El inicio y el final de dicho campamento son dos puntos de referencia y de partida del estudio del flujo migratorio subsahariano y magrebí hacia Ceuta. Su fin coincide con el nacimiento del C.E.T.I, el Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes, un nuevo centro de acogida muy deseado por el Gobierno español y por la Unión Europea, probablemente el mejor de toda Europa, donde hoy se ofertan todo tipo de prestaciones de cara a mejorar su nivel de vida tanto en aspectos médicos-higiénico-sanitarios, alimentarios, como en los legales o educativos. Oficialmente, el C.E.T.I. de Ceuta fue inaugurado el 15 de mayo de 2000. Siempre en el mismo período, terminaron los trabajos de impermeabilización de la frontera terrestre y marítima.

El Centro está ubicado en una zona periférica, no lejos del ex campamento anteriormente citado.
Se eleva sobre el terreno de una colina y se extiende sobre una superficie irregular de 12.815 m2. La capacidad total del centro es de 448 personas, alojadas en 7 módulos (divididos en 8 habitaciones) cada uno de los cuales acoge a 64 inmigrantes.
La presencia de diferentes módulos polivalentes, el parque de juegos y la zona deportiva, permiten al beneficiario desarrollar las actividades y formación que prevé el programa de mediación social.

El principal fin de un centro como este, es, el de salvaguardar dignamente las exigencias básicas del inmigrante, las cuales, están estrechamente relacionadas con el sistema de organización interna y con los programas que se desarrollan en su interior.
Se puede afirmar que una de las dificultades mayores que el inmigrante debe superar está relacionada con su integración en la sociedad de acogida.

La integración es una consecuencia directa, en primer lugar, de su voluntad, pero también, de la eficiente planificación de los programas de mediación social.

Todo ello, puede dar una idea ajustada de que, aunque la convivencia entre distintas culturas está presente en Ceuta desde el principio de los tiempos, si bien es cierto que no en las proporciones desmesuradas del último decenio; en un par de lustros, ha tenido que acoger un volumen de inmigrantes muy superior al que podría atender de la forma más adecuada, teniendo que adaptarse y prepararse para ello, buscando fórmulas de análisis del fenómeno, estudio y estrategias de actuación y soluciones para intentar paliar en mayor grado los problemas derivados del fenómeno migratorio.

Con todo lo anteriormente expuesto quiero hacerles ver que Ceuta, convertida en sociedad de acogida de inmigración en su tránsito hacia el Norte, da siempre respuesta a estos desafíos con todos los recursos que tiene a su alcance e intentando desarrollar nuevos instrumentos que no desborden la recepción migratoria de países más desfavorecidos. Ejemplo de ello representa el pequeño colectivo de niños marroquíes abandonados por su país a su suerte, de entre 7 y 16 años, que a principios de 1998, vagaban sin regulación por la ciudad y en la actualidad son atendidos en el Centro de menores de “La Esperanza” que depende de la propia Ciudad Autónoma.

Tanto Ceuta como la vecina Melilla se han transformado en los guardianes del Estrecho de Gibraltar y en las puertas de entrada al territorio comunitario, representando las únicas avanzadillas europeas en el continente africano.

Como ya he indicado, la consecuencia real de todo esto fue la intervención conjunta del Estado español y de la Unión Europea impermeabilizando la frontera de las dos ciudades con un moderno y sofisticado sistema que debe impedir el paso de los inmigrantes, delimitando aquellos confines imaginarios entre Europa y África que en Ceuta y Melilla nunca han tenido una demarcación claramente definida. Ambas desempeñan el papel de frontera meridional de la Unión Europea, dotadas con dos valiosos centros de acogida a la vanguardia por su política asistencial, su organización interna y por los programas de mediación social que se desarrollan en su interior.

Para conseguir el objetivo final, la integración total y real, es preciso no olvidar que las creencias y culturas que forman parte de los diferentes pueblos son ricas y variadas, es necesario pasar de la multiculturalidad a la inter e intraculturalidad.

Y quiero que todos comprendan los resultados colaterales que tienen estos flujos migratorios para nuestra ciudad.

El atender los servicios más básicos de los inmigrantes, supone que Ceuta tenga que recortar su presupuesto para otras necesidades también primarias del resto de la población.

Por lo tanto deben prestarse un apoyo económico y una atención especial a estos territorios fronterizos (fronteras terrestres) que podrían sino es así, verse seriamente perjudicadas en sus posibilidades de desarrollo e incluso de arraigo de parte de su población.

Este sacrificio hace además, que en el conjunto nacional, ocupemos uno de los primeros puestos en falta de empleo, en infravivienda o en fracaso escolar.

A partir de estas premisas, y en el marco del fenómeno expuesto, voy a tratar de hacerles llegar algunas de las políticas de acción genéricas que se desarrollan en nuestra ciudad dirigidas a la acogida y a la integración social de inmigrantes, y con más detalle a aquellas en materia educativa dirigidas especialmente a la atención de menores inmigrantes y a nuestros niños y jóvenes, nuestros hombres y mujeres del mañana, en el ámbito de la prevención de situaciones de riesgo en la infancia y adolescencia y de intentos de solución dispensados de manera cada vez más organizada, coordinada y corresponsable, donde todos, familia, escuela, sociedad y medios de comunicación debemos estar implicados.

Entre las acciones más destacadas, y a partir de la creación de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración y de Dirección General de Integración de los inmigrantes se plantearon para el ejercicio 2005 en el marco de la propuesta del Gobierno relativa a la cooperación entre el Estado y las CCAA y Ayuntamientos para la gestión del Fondo de apoyo a la acogida e integración de inmigrantes y el refuerzo educativo por dar datos más recientes, una serie de ejes y actuaciones enmarcadas en el plan de acción de la ciudad de Ceuta para la acogida y la integración de inmigrantes que integran un primer eje de acogida, prestación de diversos servicios, alojamiento y manutención, acción social, información – orientación así como atención personal e individualizada en labores de mediación social, ayuda humanitaria y clases de idiomas.

En cuanto a los otros ejes de actuación, van dirigidos a la realización de cursos formativos destinados a dar una mejor prestación de servicios dirigida a la diversidad migratoria de nuestra ciudad en los diversos servicios públicos prestados donde se da una amplia incidencia de población inmigrante, refuerzo de programas de intermediación en el mercado de la vivienda a través de alojamientos alternativos, actuaciones dirigidas a la vacunación de extranjeros y detección de enfermedades como el caso de la tuberculosis, la organización de jornadas de diálogo interreligioso así como la atención a un porcentaje muy considerable de mujeres inmigrantes en su mayoría en situación irregular, asistencia jurídica, psicológica así como campañas de sensibilización al objeto de promover una imagen positiva de la inmigración, combatiendo prejuicios y estereotipos.

La asignación total para nuestra Ciudad Autónoma del pasado año fue, por orientarles con un ejemplo, de 442.283,22 €, lo que supone un 0,61% sobre el total de las partidas designadas a tales efectos, aportando la propia ciudad la cuantía de 132.684,96 €, ascendiendo los recursos empleados en este plan de acción a 574.968,18 €, donde el porcentaje de cofinanciación asciende a un 23,08%.

Ceuta, Ciudad Autónoma desde el año 1995, sin competencias en materia educativa, sin embargo no pudo participar en la distribución dirigida a apoyar medidas de refuerzo educativo (el 40% de los fondos específicos que se destinaron en ese mismo año) por las razones antes esgrimidas, en cualquier caso en nuestra ciudad, se desarrollan acciones encaminadas a lograr la escolarización efectiva de los menores no acompañados y se plantean programas educativos no formales y de inserción social a medio o largo plazo, que exigen una estabilidad.

El pequeño tamaño de nuestra ciudad, su carácter de ciudad fronteriza con el Reino de Marruecos y la alta densidad de población, propicia que cualquier acontecimiento, y en especial los conflictos sociales, adquieran una resonancia mayor entre la población de lo que sería de esperar en una población similar en circunstancias normales.

El hecho cierto, es que hoy, existe en Ceuta un colectivo numeroso de menores no acompañados, unos viviendo en el ya mencionado Centro de protección de menores “La Esperanza” bajo la tutela de la Ciudad Autónoma y otros viviendo en la calle sin fácil control, que hace que desde la propia institución se intervenga dotando al centro de los recursos materiales y humanos que propicien la efectiva socialización e inserción de estos menores.

Este centro de protección de menores, de titularidad pública y dependiente de la Consejería de Presidencia de la Ciudad Autónoma, acoge a los menores con edades que abarcan el periodo que dista desde los 11 hasta los 18 años.

Los niños, que suponen la fibra más sensible de la sociedad, padecen un altísimo nivel de fracaso escolar, imputable no sólo al choque lingüístico y cultural; sino, en mayor medida, a la derivación sociocultural que padece su familia, a la falta de apoyos que ésta tiene y los que ella misma les puede brindar.

El objetivo general marcado en la gestión es el de, conseguir “facilitar y proveer a los menores de las condiciones educativas necesarias para su correcta socialización y su adecuada incorporación al mundo adulto y laboral”.

Como datos más recientes, el año 2005 empezó acogiendo a un total de 39 menores, cifra que ha ido oscilando entre los 37 y 51 menores habituales durante el año hasta finalizar el mismo con 48 menores no acompañados. Su capacidad máxima es de 60. Durante este mismo año se han producido un total 464 ingresos, lo que da una media de 1,27 ingresos diarios, sin embargo en este sentido hay que destacar que se ha producido un descenso significativo respecto a los años 2003 (2.851 ingresos) y 2004 (747 ingresos).

Del total de ingresos de menores producidos el pasado año cabe destacar que, únicamente 15 de ellos, lo que representa el 3,2% del total, terminaron adaptándose al centro y poder pasar a considerarlos residentes habituales al estar bajo la tutela de la Ciudad Autónoma, lo que ratifica una vez más el escaso interés que muestra la gran mayoría en adaptarse al centro y en integrarse adecuadamente en la sociedad. Se deduce, tras el análisis de las pruebas de determinación de edad, y distribución por tipos de acogimiento: donde una parte de los mismos permanece acogido en el centro de manera habitual, algunos derivados a otros lugares debido a su corta edad, otro corresponde a menores que viven en las calles o en Marruecos y que ingresan de manera ocasional. Fugándose inmediatamente, y el resto puestos a disposición de las cuerpos y fuerzas de seguridad al ser los mismos mayores de edad. Este año aumenta el número de jóvenes mayores de edad que tratan de hacerse pasar por menores. Todos estos índices unidos a datos obtenidos tras las distintas intervenciones individuales hacen pensar que el perfil del menor no acompañado que llega a nuestra ciudad está cambiando y que se trata de un movimiento migratorio en busca de documentación y trabajo.

Pero, pasemos a describir brevemente la acción que se desarrolla en el mismo:
Es un centro abierto, que desempeña sus funciones en una doble vertiente funcional, como unidad de primera acogida y urgencia de estos menores, así como unidad residencial, que favorece un actividad normalizada de convivencia respecto a horarios, alimentación, higiene, escolarización, atención médica, ocio y diversión, etc...

Los menores permanecerán acogidos y sometidos a una intervención educativa individual a la espera de ser reagrupados familiarmente, o bien sean beneficiarios, en interés de los mismos, de cualquier tipo de medida protectora.

Entre las características comunes a este grupo de menores no acompañados que permanecen en nuestra ciudad y sin perjuicio de las características individuales y concretas que todo menor presenta, podemos citar las siguientes:

 El 75% de estos menores son de las regiones de Tánger y Tetuán, principalmente de esta última.

 Provienen normalmente de familias desestructuradas y con una alta tasa de natalidad.

 Altas tasas de mortalidad en los cabezas de familia.

 Alto índice de adicción a sustancias psicotrópicas: hachís, cola y disolvente.

 Falta de formación: casi un tercio de estos menores no fue escolarizado en su país de origen.

 Malas condiciones higiénicas y sanitarias en sus hogares, con falta de suministros básicos (agua, luz, alcantarillado) y hacinamiento.

Pasemos a la parte más práctica, intentando trasladaros el modelo de intervención que se aplica:

El equipo de profesionales que forman parte del organigrama del centro de acogida es el siguiente, formado por 29 trabajadores: 1 Director y un Subdirector, una coordinadora educativa, ocho educadores, 12 monitores ocupacionales, 5 vigilantes de seguridad interior y un conductor.

La intervención, el día a día, debe ser adecuada como no podía ser de otra manera a la población, al entorno y a la finalidad que se persigue: la socialización de estos menores.

El primer hecho a tener en cuenta a la hora de elegir un modelo y una metodología de intervención es que los destinatarios se encuentran actualmente faltos de normas de conducta, por tanto, la intervención se orienta en primera instancia a la modificación conductual.

El segundo hecho es que esa conducta “desviada” no es sólo un problema de cada individuo sino también un problema social, y la finalidad es la adquisición de hábitos, habilidades, valores y recursos que faciliten su adaptación a la sociedad.

El proyecto educativo contempla como instrumento fundamental para desarrollar la labor educativa el Proyecto Educativo Individual (PEI); fundamentado en cuatro bases: la observación, el diagnóstico, el reforzamiento y el autocontrol, se organiza siguiendo un sistema de fases estructuradas y progresivas. La fase en la que se encuentre cada menor, estará determinada por su respuesta al Proyecto Educativo, y determinará diferentes condiciones de estancia del menor en el centro. El nuevo contrato educativo ha de estar orientado a la desinstitucionalización del menor, y por tanto, incidir en aspectos que favorezcan la autonomía personal, el auto refuerzo y la inserción social y laboral. Las exigencias serán mayores, pero encaminadas a fortalecer las decisiones personales del menor.

Por dar datos más concretos, el Proyecto Educativo se basa principalmente el los modelos de trabajo conductual y ecológico-conductual.

El primero permite una intervención individualizada y sistemática sobre aquellos aspectos que se muestran deficitarios en la socialización del menor.

El segundo, con su énfasis en considerar el contexto global del sujeto, incluyendo los aspectos culturales y contextuales que definen la adquisición de muchas pautas de relación interpersonal, nos permite trabajar aprovechando los recursos que proporciona el mismo grupo, orientando la intervención a una inserción efectiva en la sociedad.

Durante el pasado año y una vez alcanzados los niveles de normalización adecuados en los menores del centro, se ha logrado en general la consecución del objetivo general del proyecto; por un lado hemos propiciado la inserción social y laboral de 8 jóvenes que han alcanzado la mayoría de edad en el mismo y que han iniciado su proyecto de vida adulta una vez que han causado baja en el centro y por otro lado hemos dejado de ser noticia en los medios de comunicación, tanto a nivel local como a nivel nacional, por la alta conflictividad e inadaptación social que presentaban los menores acogidos.

Nuestra ciudad sigue trabajando, apostando por el modelo de integración, tolerancia y respeto mutuo, poniendo en marcha distintas actuaciones, intentos de solución dispensados entre todos demostrando como no podía ser de otra manera, su gran carácter Solidario.

Así pues, y referido en particular al campo educativo, sería preciso reformar los planes de estudio de la formación inicial del profesorado de todos los niveles educativos, así como su formación permanente, de manera que tuvieran en cuenta las necesidades actuales, tales como la búsqueda de la auténtica interculturalidad, aulas temporales de lenguaje, apertura de centros escolares continuos y la mediación en resolución de conflictos para impedir que aparezca la violencia ocupando así espacios de paz cada vez mayores.

Mientras las necesidades se van haciendo reales, el futuro está en nuestras manos y debemos construirlo entre todos.

Para ello, nuestra Ciudad consciente de las necesidades detectadas y atención preferente a los colectivos de alumnado inmigrante, instó al entonces Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a considerar la conveniencia de establecer fórmulas eficaces de colaboración que permitieran actuaciones como las que en breve comentaremos, todo ello se formalizó a través de la firma de un convenio de colaboración en el año 2001 para comenzar en el curso académico 2001/2002, en el que actualmente se sigue trabajando en la mejora y desarrollo de los mismos.

El fin principal consistía en poder llevar a cabo la aplicación de políticas de actuación dirigidas al desarrollo de diversos programas de interés mutuo centrados en acciones de compensación educativa y de formación de jóvenes y adultos desfavorecidos, el objetivo último de estas actuaciones es, por una parte, conseguir la integración en el sistema educativo de los alumnos necesitados, por sus especiales circunstancias, de compensación educativa para aliviar las diferencias y discriminaciones que, por su escolarización tardía, o por su condición de inmigrante, o por el desconocimiento del idioma español, o por sus diferencias culturales, o cualquier otra circunstancia, les han impedido tener una educación normalizada y se encuentran en situación de riesgo de exclusión social, violencia o marginación.

Por otra, contribuir a la formación para el empleo de jóvenes y adultos desfavorecidos y con riesgo de exclusión social y laboral que carecen de una formación general y de base o de una primera formación profesional que les permita su inserción.

Para ello, y sin querer extenderme en demasía con cada uno de los planes que se llevan a cabo, se desarrollan en el ámbito de la colaboración dos programas fundamentales, uno dirigido a la realización de distintas actividades y otro a la formación.

En cuanto al Programa de formación se desarrolla este para responder a las necesidades detectadas en la ciudad en relación con la formación de jóvenes y adultos desfavorecidos, especialmente de origen inmigrante, en riesgo de exclusión social por carecer de una formación general de base o de una primera formación profesional que les dificulte su inserción socioeducativa y laboral. Se ofrecen , al menos, las siguientes modalidades de formativas

*”Plan de Reforzamiento de la Escolarización de Jóvenes en edad de escolarización y post escolarización obligatoria”, dirigido a jóvenes de hasta 18 años que se encuentren no escolarizados y requieran programas adaptados e intensificación en el aprendizaje de la lengua española, carencias éstas que han venido dificultando su escolarización ordinaria y su integración socioescolar.

Se trata de un programa cuyo objetivo principal se marca para actuar sobre el colectivo de alumnos de origen transfronterizo, que no poseen conocimientos del idioma español y que por tanto no pueden seguir una escolarización ordinaria.

Atiende el global a un colectivo por curso académico de unos 75 a 100 jóvenes entre 16 y 18 años, desarrollándose en varios ámbitos las distintas actuaciones:

En el centro de menores de Punta Blanca (centro de reforma), atendiendo a una media de entre 15 y 30 jóvenes mensualmente, en las que la mayoría de las veces la edad es establecida a través de prueba ósea. Jóvenes de hasta 18 años. La acción concreta que nos atañe en esta modalidad es la de apoyo escolar a través de un maestro de refuerzo que pone en marcha un programa de adaptación e integración en el aprendizaje de la Lengua Española durante 37 horas semanales. La atención sobre el alumnado durante este curso académico para que se puedan hacer una idea ha sido de 21 en el mes de octubre, 18 en noviembre, 13 en los meses de diciembre y enero, 18 en el mes de febrero,…

También presente refuerzo educativo en el centro de estancia temporal de inmigrantes, C.E.T.I., y el seguimiento y atención de alumnos de estas características integrados ya en el sistema educativo normalizado en 2 centros de Educación Infantil y Primaria y en un IES, donde 4 maestros prestan apoyo específico y de refuerzo al alumnado integrado.

La aportación económica en la realización de estas acciones asciende a 186.740,08 €.

El programa de formación va perfeccionándose y actualmente se plantea como meta el que todos los participantes en el mismo puedan adquirir una titulación o una formación profesional básica que les permita presentarse a las pruebas de acceso a los ciclos formativos de grado medio y deberá poner especial cuidado en que la selección de los demandantes de las distintas actividades responda a los perfiles educativos exigidos en la mismas, considerando la pluralidad de la oferta formativa y con el fin de evitar duplicidad en la misma.
Teniendo en cuenta asimismo las diferencias y necesidades de los citados colectivos de jóvenes y adultos a aquellos, mayores de 25 años, se les ofrecerá, al menos, las siguientes modalidades:

“Plan de Inserción Laboral de Mujeres”, en este sentido, no se puede ni se debe olvidar la importancia de la mujer como piedra angular de la familia.
Dirigido al colectivo de mujeres en situación de desempleo mayores de 25 años. Los contenidos generales del módulo formativo van encaminados fundamentalmente a procurar una preparación que faculte a las beneficiarias de este Plan para su inmediata inserción en el mundo laboral.

Así como el “Plan de Inserción Social y Laboral”, dirigido al colectivo de jóvenes y adultos en situación de desempleo para mayores de 25 años. Sus contenidos van encaminados en el mismo sentido que el anterior.

El colectivo al que se dirigen los planes de formación por curso académico es de 15 alumnos / as, de los cuales unos cuatro o cinco de ellos, especialmente en el programa dirigido a las mujeres, se incorporan al mundo laboral, lo que supone aproximadamente un 30% de inserción laboral inmediata.

El coste de la puesta en marcha de los planes enumerados asciende a 49.822,5 € por curso académico, aquí destacar la colaboración y participación de instituciones y asociaciones sin ánimo de lucro que participan en la formación de estos alumnos, por citar un ejemplo, los hermanos franciscanos de la Cruz Blanca.

En cuanto al Programa de Actividades, también desarrollado en el marco de colaboración Institucional, que responde a las necesidades detectadas en la ciudad, comprende otro tipo de acciones desarrolladas en este sentido y ampliadas especialmente al campo de los alumnos en situación de marginación social, de exclusión o de violencia, prevención del racismo, fomento de la tolerancia, diálogo y encuentro entre las distintas culturas y otras acciones que se concretan en el “programa de prevención de situaciones de riesgo en la infancia y adolescencia desde el sistema educativo”, donde un equipo multidisciplinar de profesionales, un total de 37 personas incorporadas en los distintos centros docentes, donde trabajadores sociales, técnicos en integración social, mediadores sociales y maestros realizan un seguimiento y actuaciones e intervenciones diarias en un total de 22 centros educativos de EI y P y en 5 IES ampliándose también al centro de educación especial de nuestra ciudad.

La aportación económica para el desarrollo de este programa que recoge acciones de desarrollo socio-comunitario, acciones para favorecer la integración social y escolar ofreciendo recursos singulares a niños y niñas desfavorecidos, afectados por problemas de desestructuración familiar, de marginación social o de segregación racial con el fin de reforzar sus posibilidades de desarrollo creativo y personal, para la integración de menores afectados por medidas judiciales o en situación de alto riesgo, asciende a 1,029.051,28 €

En cuanto a este programa de actividades, también se incluye un plan de apoyo socioeducativo, que incluye acciones dirigidas a la articulación del tiempo extraescolar, con actividades de estudio y de ocio y tiempo libre de carácter educativo, que faciliten la integración del alumnado en riesgo de marginación o de exclusión social y que incluye actividades de aulas – taller de la naturaleza y educación ambiental y acciones desarrolladas en la biblioteca escolar, que tienen un coste aproximado por curso académico de 36.000 €.

Fuera del ámbito del convenio de colaboración con el Ministerio de Educación y Ciencia, otras acciones se ponen en marcha para mejorar las situaciones detectadas a través de la formalización de otros convenios con distintas entidades de la Ciudad y asociaciones sin ánimo de lucro, con las que se llevan a cabo distintas actuaciones en el marco del reforzamiento y actuaciones en barriadas, atención social, programas educativos tales como el MUS-E como fuente de equilibrio y tolerancia: plan educativo basado en la filosofía del violinista Yeludi Menuhin que pretende fomentar las artes –especialmente la música, el canto, el teatro, la danza y las artes plásticas-, con colectivos marginados, dentro y fuera de la escuela para favorecer la integración social y cultural de los niños desfavorecidos, prevenir la violencia y el racismo, fomentar la tolerancia y el encuentro entre las distintas culturas menciones obligadas a exponerse por sus óptimos resultados.

Como todos Vds. saben, los pilares en los que ha de basarse el trabajo educativo y social, deben alcanzar el alma del aprendizaje más preciado y urgente en nuestro tiempo, esto es: “el saber ser” y el “saber convivir”, exigencias, pues, de entendimiento mutuo, de diálogo pacífico y de armonía. En definitiva, de aprender a vivir juntos y que a través de los conocimientos, reflexiones, experiencias e intercambios que se desarrollan en trascendentales congresos como el que hoy nos ocupa, aprendamos a respetar aún más, pues ello nos hace conocer y valorar dentro de un clima de cercanía esa cultura de convivencia y de participación, de respeto y de conocimiento equitativo reflejándose finalmente por parte de ustedes directamente en nuestras aulas, intentando defender y potenciar una sociedad flexible y abierta al diálogo, comprometida con lo heterogéneo y con la libertad de culturas.

Ceuta, con su manera de ser, enraizada en la propia experiencia de sus gentes, desea fomentar y contribuir a mejorar las relaciones humanas, fomentando los valores de justicia, fraternidad, paz, libertad y libre acceso a la cultura. Haciendo una apuesta clara por los valores de solidaridad, multiculturalidad y respeto por los derechos de todos y de todas, como estandarte de su proyección en el mundo.

Como dije al principio de mi intervención, Ceuta debe, y a la vez desea, convertirse en un laboratorio social privilegiado, en un foro permanente de debate y de investigación, de intercambio de opiniones y de difusión sobre la Inmigración, la Interculturalidad y la Convivencia, liderando, nacional e internacionalmente, los estudios y proyectos de intervención sobre estos temas que a todos nos afectan, apostando decididamente por la creación de un Instituto Internacional que sirva de Observatorio Permanente.

Y siempre, en su modesta aportación para con una sociedad mejor, desde su práctica realista, de vivir entre dos mundos diferentes, sin darle nunca la espalda el uno al otro, conviviendo y no coexistiendo, compartiéndolo todo, desde espacio en nuestras calles y mercados, complicidad en nuestras aulas, vestuario en nuestros campos deportivos, hasta los juegos en jardines y plazas públicas.

Ésta es nuestra mirada al futuro. Un futuro lleno de esperanzas y de sueños al alcance de nuestras manos, sean del color que sean.

POESÍA.

Ceuta es pequeña y dulce; está acostada
en los brazos del mar, como si fuera
una niña dormida que tuviera
la espuma de las olas por almohada.

Ceuta canta latines, cristianada
con la sal del Estrecho marinera,
y empina su blancura campanera
al espejo del mar acicalada.

Ceuta es una andaluza niñera
Que, si saltar pudiera, saltaría
La comba de agua y sal del océano.

Y allí está, entre la arena y la muralla,
Como una niña que bajó a la playa.
Y se le fue a la madre de la mano.

Y antes de finalizar creo que es este un buen momento para invitarles a conocer, in situ, estas y otras experiencias del trabajo diario que se desarrolla en nuestra ciudad, como verdadero y ejemplarizador baluarte de convivencia para el resto del mundo así como a participar en nuestro Congreso Internacional, de carácter bianual, sobre Inmigración, Interculturalidad y Convivencia que organizado por el Instituto de Estudios Ceutíes celebrará su V edición en el próximo año.

Comencemos, si así lo desean, un debate o un turno de intervenciones para que todos puedan manifestar sus ideas o plasmar sus opiniones respecto de esta ponencia.

Muchas gracias