TEXTO nº 5:

En 1633, Galileo Galilei, que ya había sido denunciado en 1615 por primera vez ante el Santo Oficio, fue condenado por la Inquisición y desterrado a Arcetri, cerca de Florencia. En 1870 se publicó la documentación completa del juicio contra Galileo. En 1979, el papa, Juan Pablo II , abrió una investigación sobre la condena eclesiástica, y, en 1992, una comisión papal reconoció el error de la Iglesia.

La abjuración de Galileo Galilei.-

Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto florentino Vicente Galilei, de setenta años de edad, comparecido personalmente ante este tribunal, y puesto de rodillas ante vosotros, los Eminentísimos y Reverendísimos señores Cardenales Inquisidores generales de la República cristiana universal, respecto de materias de herejía, con la vista fija en los Santos Evangelios, que tengo en mis manos, declaro, que yo siempre he creído y creo ahora y que con la ayuda de Dios continuaré creyendo en lo sucesivo, todo cuanto la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana cree, predica y enseña. Mas, por cuanto este Santo Oficio ha mandado judicialmente, que abandone la falsa opinión que he sostenido, de que el sol está en el centro del Universo e inmóvil; que no profese, defienda, ni de cualquier manera que sea, enseñe, ni de palabra ni por escrito, dicha doctrina, prohibida por ser contraria a las Sagradas Escrituras; por cuanto yo escribí y publiqué una obra, en la cual trato de la misma doctrina condenada, y aduzco con gran eficacia argumentos en favor de ella, sin resolverla; y atendiendo a que me he hecho vehementemente sospechoso de herejía por este motivo, o sea, porque he sostenido y creído que el Sol está en el centro del mundo e inmóvil y que la Tierra no está en el centro del Universo, y que se mueve.

En consecuencia, deseando remover de la mente de Vuestras Eminencias y de todos los cristianos católicos esa vehemente sospecha legítimamente concebida contra mí, con sinceridad y de corazón y fe no fingida, abjuro, maldigo Y detesto los arriba mencionados errores y herejías, y en general cualesquiera otros errores y sectas contrarios a la referida Santa Iglesia, y juro para lo sucesivo nunca más decir ni afirmar de palabra ni por escrito cosa alguna que pueda despertar semejante sospecha contra mí, antes por el contrario, juro denunciar cualquier hereje o persona sospechosa de herejía, de quien tenga yo noticia, a este Santo Oficio, o a los Inquisidores, o al juez eclesiástico del punto en que me halle.

Juro además y prometo cumplir y observar exactamente todas las penitencias que se me han impuesto o que se me impusieren por este Santo Oficio.

Mas en el caso de obrar yo en oposición con mis promesas, protestas y juramentos, lo que Dios no permita, me someto desde ahora a todas las penas y castigos decretados y promulgados contra los delincuentes de esta clase por los Sagrados Cánones y otras constituciones generales y disposiciones particulares. Así me ayude Dios y los Santos Evangelios sobre los cuales tengo extendidas las manos.”

  1. El miedo creado por la condena a Galileo perduró hasta bien entrado el siglo XVIII; así por ejemplo René Descartes al presentar su cosmología contenida en su obra Los principios de la filosofía (1644), lo hizo como un conjunto de proposiciones de carácter hipotético. Incluso, la edición de la obra de Newton Principios matemáticos de la filosofía natural, que se hizo entre 1739 y 1742, se introdujo con un comentario escrito por Le Seur y Jacquier, en el que se daba un carácter hipotético al sistema. ¿La condena de Galileo fue sólo una condena individual?

  2. Galileo afirmó en su abjuración, al referirse a su defensa de la teoría copernicana que “... aduzco con gran eficacia argumentos en favor de ella, sin resolverla”; de hecho, las pruebas científicas definitivas fueron aportadas por Newton. ¿Actuó correctamente la Iglesia, que, por cierto, estuvo asesorada por astrónomos prestigiosos de la época, al no aceptar sino condenar una teoría científica no contrastada?

  3. ¿Cómo actuó la Iglesia: como un acicate para la ciencia, obligándola a razonar a buscar pruebas científicas definitivas, o como un freno, impidiendo a los científicos investigar y publicar sus obras con libertad?

Ir al principio de la página


Volver a la página de Galileo Galilei.


Envíale el comentario de texto a tu profesor o profesora mediante correo adjunto